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Democracia, Libertad de Expresión

De libertad de expresión y democracia

libertad-de-expresiónEstas semanas el tema de la libertad de expresión y el derecho a la información han estado en las primeras páginas de los periódicos de gran parte del mundo, y no precisamente porque se esté profundizando en la implementación de este derecho, sino todo lo contrario, pareciera que hay una tendencia mundial a limitarlo y a volverlo utilitario para los gobiernos de turno.

Incongruencias como las de Ecuador, que por un lado promueve una legislación que vulnera las posibilidades del ejercicio pleno del derecho a la información y a disentir, y por el otro, ofrece refugio a Assange y Snowden esgrimiendo banderas de las que denigra en su política interna. O el silencio auto impuesto por los medios de comunicación Turcos, a causa del miedo a las represalias gubernamentales, que en un primer momento evitaron informar acerca de las manifestaciones en la plaza Taksim y luego al verse rebasados por los redes sociales comenzaron a emitir tímidos reportes de lo que ocurría; son algunos ejemplos de las formas sutiles, y no tan sutiles, de las que se valen los elementos de poder para coartar este derecho fundamental.

No se puede dejar de mencionar, aunque involucra la violación de otro derecho como es el de la privacidad, los casos de las escuchas realizadas por la NSA de los Estados Unidos, amparadas en una ley fantasma, al margen del escrutinio y conocimiento de los ciudadanos, que en nombre de la seguridad han decidido, sin que nadie les diera ese poder, vulnerar la privacidad de sus propios ciudadanos y también la de los de países amigos y no tan amigos.

El tema de las escuchas ilegales también se ha popularizado en América Latina. En los últimos meses hemos visto incidentes de este tipo, donde se ha utilizado el espionaje de conversaciones privadas con fines políticos, llevando la discusión de temas de interés a terrenos que no son precisamente democráticos.

Es común ver hoy a gobernantes airados, arremetiendo contra los medios de comunicación, culpabilizándolos de ser promotores de la desestabilización de los países, ignorando por completo que sus actitudes en contra de la discusión abierta de los temas de interés público, están construyendo las bases que sustentan esa desestabilización.

Tanto la libertad de expresión, como el derecho a la información y a la privacidad, son pilares fundamentales para que la democracia funcione, y en mi opinión, no existen medias tintas. O se garantizan estos derechos y se defienden en cada uno de los ámbitos de la sociedad, o no existen y entonces estamos frente a un tipo de gobierno distinto a la democracia en el que seguramente también se están vulnerando algunos de los otros derechos fundamentales.

Las palabras de Evelyn Beatrice Hall, originalmente atribuidas a Voltaire, “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”, nos señalan un camino a seguir. Asegurarnos de que cada uno de nosotros tiene las mismas oportunidades para expresar su opinión y recibir información oportuna se transforma en garantía para seguir siendo libres.

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  1. Pingback: Redes sociales y libertad de expresión | Soleá - agosto 6, 2014

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